Pesadilla recurrente
Llego a una inmensa pradera verde una mañana soleada. Tú estás de pie junto al acantilado, observando el océano. Estás tranquilo y relajado, dejando que la brisa marina te acaricie el pelo. Me acerco a ti, te doy la mano. Una mirada, una caricia, un beso, una sonrisa y vuelves a mirar al horizonte.
Pasan unos minutos de paz y tranquilidad.
Sin previo aviso el cielo se llena de nubes de tormenta y el mundo comienza a temblar. Pero es demasiado tarde para correr. El suelo se resquebraja a tu alrededor y te resbalas. Te agarro de la mano lo más fuerte que puedo para intentar subirte. Tu mano se resbala cada vez más y me entra el pánico, pues me doy cuenta de que mi fuerza no es la suficiente. Hasta que al final caes en las rocas del océano.
Acto seguido se desgarra el trozo de tierra bajo mis pies y comienzo a caer.
Me despierto de golpe. Sólo era una pesadilla.
